Salón Dorado

Es la sala principal del palacio donde se recibía a los visitantes, toma este nombre por la suntuosidad del ambiente. En la actualidad los tapices de los muebles y cortinas son de color dorado.

En esta sala se aprecia varios sillones en el estrado principal, siendo el central el sillón episcopal. Estos son de madera pero parecieran tener enchape; lo cual no es así ya que son de madera natural. En el muro de fondo se ven varias pinturas de la Virgen de Belén de diferentes autores y diferentes épocas, lo especial de esta virgen es que tiene al niño Jesús envuelto y fajado a la usanza indígena.

El techo posee un artesonado de madera de cedro con decoración casetonada de exquisita elaboración. En un lado se aprecia la mitra de los obispos, luego un arco que es de la época de su construcción. Este edificio sirvió de morada al 1er Obispo del Cusco y del Perú.

Pasando al ultimó tercio del salón dorado se puede ver un artesonado muy peculiar y diferente, donde se aprecian los escudos heráldicos siguientes: en campo de plata (blanco) un águila en sable (negro) (primer cuartel que pertenece al escudo de Monseñor Fray Vicente de Valverde, luego en campo de plata (blanco) un roble, una caldera y dos canidos sentados, cuartel que corresponde al escudo de armas de Monseñor Don Manuel de Mollinedo y Angulo.

Separando el ambiente del salón dorado del siguiente existe una puerta que está diseñada con un gusto exquisito de estilo mozárabe, al centro se puede ver un escudo que pertenece a Monseñor Carlos María Jurgens, que fue el segundo arzobispo del Cusco que tenía estudios de arquitectura y se inspiró en los trabajos mozárabes.

Siguiendo con la visita en otra sala se aprecia un cuadro muy valioso que representa a la "Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad" lo importante es que está decorado con brocateo de oro que por lo general es denominado "estofado al pan de oro" (sobre aplicación de oro). Luego apreciamos el cuadro que representa a San Agustín llevando un Corazón Ardiente, en una mano sostiene el corazón y en la otra la pluma con la que está escribiendo un libro y para inspirarse mira la Biblia la misma que esta iluminada por la luz divina. También se ve un cuadro del Papa San Gregorio el Magno, que se esta inspirando en el Espíritu Santo. Finalmente existen varios cuadros más que son de sumo interés.

Continuando con nuestro recorrido en otro ambiente se observa un lecho que es considerado como el de Simón Bolívar, no porque haya sido de él, sino que allí reposó el Libertador. El lecho colonial es de estilo barroco, en madera dorada a la hoja de oro de 22 quilates, existen cuatro orificios tanto en la cabecera y en el pie de la cama lo que hace pensar que este fue un lecho a baldaquino. En esta misma sala en un costado se aprecian dos cuadros: una Virgen (pintura quiteña) y un Ecce Homo (pintura ayacuchana) con marcos de plata cusqueña repujada al martillo; también varios grabados (pintura sobre láminas de cobre).

Continuando la visita en un pequeño ambiente existen dos cuadros de "La Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad" la cual esta representada por tres personajes iguales. Otro cuadro representa a San Jerónimo Penitente en actitud de meditación profunda y en una esquina se ve una corneta que representa en iconografía la voz celestial. (Igual que a Gregorio Magno una paloma aquí es una corneta), el Santo tiene un manto rojo y un sombrero cardenalicio del mismo color.

Siguiendo el recorrido, en otro ambiente, se aprecia la serie del Corpus Christi, que viene de la parroquia de Santa Ana, son doce pinturas atribuidas al maestro indígena Diego Quispe Ttito, mas en realidad son de autor anónimo y de un gran valor historiográfico que nos recuerda al Corpus Christi en el período virreinal. Esta fiesta coincidía con dos fiestas del calendario religioso andino que son la del "Itu y el Inti Raymi". Se señala que al empezar el Corpus Christi llegaban imágenes de diversos lugares del territorio del virreinato del Perú como por ejemplo la Peregrina de Quito.


 
    
El salón Dorado en todo su esplendor, en él encontramos valiosas pinturas que no pueden pasar inadvertidas. La Virgen de Belén pintada por tres artistas diferentes adorna el salón Dorado.


Uno de los cuadros representa el paso procesional de la congregación de los Mercedarios. Esta procesión se caracterizaba por una competencia entre los diferentes gremios, hermandades y cofradías del Cusco, en la confección de arcos triunfales y altares. En la parte baja se ven a dos personajes que son los posibles donantes del cuadro.

A continuación el cuadro del paso de las andas procesionales de Santa Rosa de Lima y La Linda de la Catedral es decir la Virgen de la Inmaculada Concepción. En este cuadro se aprecia a los donantes que son un Alférez Real y su padre (dignatario y autoridad virreinal indígena). Otra detalle que destaca es que todas las personas que llevan las andas en la procesión son indígenas y los españoles sólo espectadores.

A la izquierda la Virgen de Belén que es llevada en una carroza procesional (es importante señalar que en esta época muchas de las imágenes eran transportadas en carrozas procesionales) delante de ésta un Alférez Real.

Otra imagen representada es la de San Cristóbal que utilizaba una palmera como bastón para sostenerse cuando hizo atravesar el rió a un niño que se lo pidió, hay que saber que San Cristóbal transportaba a las personas de una orilla a otra, además se aprecia un Guacamayo parado encima de un alero. Luego se observa el cuadro de la procesión del Santísimo bajo palio; el que lleva el Santísimo tomado con un manipulo (paño en tela blanca) es el Obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (XIV obispo). Que se le conoce como mecenas de las artes en Cusco. Esta escena se desarrolla frente a la Catedral, que muestra en sus puertas secundarias en la parte superior los escudos de León y Castilla esmaltados.

Vecino al obispo se ve a otro personaje que es su sobrino, Don Andrés de Mollinedo y Rado, personaje poseedor de ingentes riquezas. Luego se aprecia a una gran multitud que se desplaza por el atrio de la catedral y frente al mal denominado palacio de la Santa Inquisición que en realidad fue la sala del Cabildo Eclesiástico y el área de lo que hoy en día es el Templo de Jesús, María y José (La Sagrada Familia), todavía se lo ve como el antiguo cementerio de la ciudad del Cusco.

Además se aprecian en esta sala tres cuadros de la colección del Zodiaco que representan a diferentes parábolas siendo: "Libra" que es la parábola de "la higuera estéril", "Un hombre tenía una higuera estéril plantada en su viñedo, y fue a ver si daba higos pero no encontró ninguno, así que dijo al hombre que cuidaba el viñedo: mira, por tres años seguidos he venido a esta higuera en busca de fruto pero nunca lo encuentro, córtala, pues ¿para qué ha de ocupar terreno inútilmente?, pero el que cuidaba el terreno contestó: <<Señor déjala todavía este año, voy a aflojarle la tierra y a echarle abono, con esto tal vez dará fruto, y si no ya la cortaras>>".

Luego "Escorpio" que representa la parábola de "los viñadores infieles", "Un padre de familia plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre y la arrendó a unos viñadores partiendo luego a tierras extrañas, cuando se acercaba el tiempo de los frutos, envió a sus criados a los viñadores para percibir su parte. Pero los viñadores, cogiendo a los siervos, a uno le atormentaron, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. De nuevo les envió otros siervos en mayor número que los primeros, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: respetarán a mi hijo. Pero los viñadores, cuando vieron al hijo, se dijeron: es el heredero, a matarle, y tendremos su herencia. Y cogiéndole, le sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga, pues el amo de la viña, ¿qué hará con estos viñadores? Le respondieron: hará perecer de mala muerte a los malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen los frutos a su tiempo...".

Finalmente "Sagitario", la parábola "Los invitados a la boda" "...Tomo Jesús la palabra diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que preparó el banquete de bodas a su hijo. Envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas, pero estos no quisieron venir. De nuevo envió a otros siervos, ordenándoles: Decid a los invitados: Mi comida está preparada; los becerros y cebones muertos: todo está pronto; venid a las bodas; pero ellos, desdeñosos, se fueron, quién a su campo, quién a su negocio. Otros cogiendo a los siervos los ultrajaron y les dieron muerte. El rey, montando en cólera, envió a sus ejércitos, hizo matar a aquellos asesinos y dio su ciudad a las llamas. Después dijo a sus siervos: el banquete está dispuesto, pero los invitados no eran dignos..."



 
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